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miércoles, 29 de abril de 2015

Relato "La maldición", para el taller de Literautas

Hace unos meses, en un programa de la 2 de TVE, hablaron de la web Literautas y de su peculiar forma de animar a escribir y aprender. Todos los meses proponen un tema o un título, como esta vez, sobre el que los participantes deben construir un relato de un máximo de 750 palabras. Días después, cada uno recibe tres textos anónimos de compañeros para que destaque las cosas positivas y aquellas que serían mejorables, pero siempre con un tono positivo de crítica constructiva. Ayer recibí mis tres comentarios, también anónimos. El primero que leí me dejó un poco "tocada" porque no había entendido nada de lo que yo había tratado de expresar y pensé que lo había escrito tan mal que no había quien lo entendiera. Menos mal que los otros dos comentarios sí que fueron positivos y alabaron la forma irónica de tratar el tema... Ya estaba yo por no volver a escribir más que la lista de la compra.


Como ya he dicho antes, el reto consistía en escribir un relato que llevara por título "La maldición", y como reto opcional no debía contener ninguna letra "T". Comencé a escribir una historia que pretendía ser un pelín de miedo, y cuando me quise dar cuenta tenía entre manos un relato largo de denuncia del abandono de perros... No me preguntéis cómo pasó, pero espero terminar ese relato algún día. Se me acercaba la fecha máxima de envío y no tenía nada más que mi relato del pobre perro, pero por suerte recordé que tenía un texto de hacía años cogiendo polvo que podría adecuarse al título. Lo busqué, le di unas vueltas, lo recorté por aquí, lo alargué por allá, lo corregí diez veces y lo mandé. 

Os dejo aquí el relato, se admiten... no, se ruegan, comentarios.

–El día en que el reverendo James, el más poderoso predicador de Nueva York, el rey de las ondas en horarios de máxima audiencia, dijo que las familias de bien debían colgar en su salón el “Puzle del amor a Dios” que su congregación había creado por inspiración divina, se me encendió una luz.

En verdad algo de razón llevaba con lo de que hacer un puzle en familia une y da pie a charlas con los hijos que de normal se encerrarían a escuchar música o a escrudriñar facebook. Lo que ocurre es que las familias neoyorkinas no quieren perder sus valiosas y escasas horas de ocio rebuscando en la caja para encontrar la minúscula pieza que pueda encajar en el hueco con el que se han emperrado.

Y ahí vi yo el negocio: ninguna familia “bien” podía ya recibir a sus conocidos en casa sin el dichoso puzle colgado en una pared bien visible y primero había que recomponerlo. Yo podía hacerlo por ellos por un módico precio.


–Vaya al grano, por favor.


–Es que lo que le estoy diciendo es primordial. Sigo. Dos días después del servicio radiofónico del reverendo ya recibí en mi recién creada web dieciséis solicitudes que obviamente aprobé, no sin antes insinuar que apenas me quedaban huecos en la agenda por si querían avisar a familiares y amigos.

Como los puzles eran iguales, una vez hecho un par, liquidar los demás fue rápido, sencillo, incluso aburrido. El negocio no podía marchar mejor pero, ¿sabe usted?, anoche mi perro se puso a aullar sin razón alguna, y ya sabemos lo que eso significa, ¿no? Pues yo no lo vi venir.

Que sí. Que ya. Que abrevie. Pero es que es necesario que se lo explique bien.

Hoy hace cinco semanas que comencé el negocio y un nuevo encargo ha llegado como los demás por mensajería. Apenas me lo han dado me ha sorprendido que pesaba más que los demás y, al abrirlo, la sorpresa ha sido que las piezas eran como de acero o algo similar. “El reverendo es un as, ha sacado una edición de lujo”, me he dicho, y he buscado en su web el precio de la nueva invención. Lo raro ha sido que allí no aparecía. He comprobado el pedido de ensamblaje y sólo me ha parecido extraño que no hubieran incluído el número de móvil que siempre pido. Como la señal del pago se había recibido bien y, ya sabe usted, no andan las cosas como para ir rechazando el dinero, me he puesto a darle forma.
En seguida me he dado cuenta de que habían cambiado la imagen, pero he pensado que la habían hecho más glamurosa, puede que para familias con más clase. Lo que me ha cabreado un poco es que no habían incluido la imagen original pero, como soy el mejor ya en eso de los puzles, no me ha dado demasiada guerra. Además, es muy sencillo, a rayas de colores y con unas grandes palabras de una caligrafía como a mano, en el medio. 
Al acabarlo me he quedado blanco al ver que me sangraban las manos y he comenzado a ahogarme. Me quedaba como sin aire, boqueando como un pez fuera del agua. Así que he llamado a urgencias como he podido y la ambulancia, francamente, yo creía que no llegaba nunca. De verdad, que yo pensaba que me moría allí mismo, sobre la mesa de los puzles.
Digo yo, que los de urgencias serán los que les han llamado a comisaría, ¿no? Y eso es lo único que puedo decirle, señor policía.


–Y, ¿decían algo en especial esas palabras grandes, formaban una frase?


–“No hagáis de la casa de mi Padre un mercado. (Juan 2,13-25)”.

4 comentarios:

  1. Vaya, me he quedado con ganas de saber qué te decían esos tres comentarios. ¿Por qué no los has incluido?

    Bueno, lo primero que quiero decirte es que el escritor escribe una novela, pero luego de esa novela hay tantas como lectores. Quiero decir, cada cual interpreta un texto como le parece. A veces coincide con lo que deseaba decir el autor y otras no.

    En cuanto al relato, tiene su miga, sí. Aún se puede trabajar más, pero tiene su miga :-) Me ha gustado.

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    1. Hola, Ana!!
      Me ha alegrado mucho que te pasaras a leer el relato, ya sé que andas muy atareada últimamente con un montón de proyectos.
      He estado leyendo la entrada de hoy de tu blog y debo de andar por el estadio dos, es decir, que sé que tengo mucho que mejorar pero no sé ni por dónde empezar...
      Ays...
      Gracias por el comentario
      Besos!!

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  2. Me gustó. Tiene intriga y originalidad. Tienes madera.
    Un abrazo.

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    1. Mil gracias por tu comentario, anima (y mucho) a seguir adelante saber que a alguien le gusta lo que escribes.
      Un beso

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