Páginas

jueves, 14 de julio de 2016

¿Cómo ser madre de acogida y no morir en el intento? Cuando la vida te sobrepasa.

Por favor, si alguien conoce la respuesta a la pregunta del título, en serio, que me dé algunos consejos, los necesito con urgencia ;-)

Mi pareja y yo hemos acogido a una niña saharaui para que pase el verano con nosotros y va a acabar conmigo. Es muy buena, es un solete, come bien, es educada y me hace mucho caso; cuando sonríe se ilumina el mundo. Es algo que siempre he querido hacer, que no pudimos hacer el año pasado  ni el anterior y que nos moríamos por hacer este. 

Pero está invadiendo mi espacio.

Esta podría ser la huella de mi pie en la playa, pero la verdad es que no se me ocurrió pararme toda cargada con juguetes y flotadores.


Yo vivo, durante unos diez meses al año, instalada en la dulce soledad del escritor-lector. Casi como una ermitaña. A veces me tienen que sacar de casa a la fuerza. No soy un ser social de primeras, después, ya fuera, suelo pasarlo bien (el alcohol ayuda), aunque siempre preferiría estar sola leyendo. Sé que no soy la única, y también sé que un escritor se nutre de la vida, no solo de libros, y que hay que salir y vivir para después poder crear personajes creíbles y buenas historias. Todo eso lo sé, me lo repito muy a menudo, de hecho, acudo a algunas cenas solo pensando en eso, para consolarme.

Cada año, cuando llegan las vacaciones de verano y mi pareja invade mi espacio vital y pone patas arriba mis horarios, la primera semana me dan ganas de abandonarle. Todos los años igual, soy toda malas caras, bufidos y rabietas infantiles. Me lo estaba haciendo mirar pero la cura iba despacio, así que este año estoy haciendo una terapia de choque.

La niña, que se llama Niha, llegó el día 4 de julio a las seis de la mañana, después de una noche sin poder pegar ojo por la ilusión y las ganas de conocerla. Nada más llegar ya me cambió los planes porque se suponía que se iría a dormir unas cuantas horas agotada por el largo viaje, pero no quiso, así que tuve mi primera experiencia con Bob Esponja, La Patrulla Canina y compañía. Desde ese momento, todo, todo, todo, gira alrededor de ella y la ermitaña huraña pasa algunos ratos terriblemente agobiada.

Llevo nueve días tratando de leer las apenas cien páginas que me quedaban para terminar "Pureza" de  Jonathan Franzen. No hay manera. Durante el día no me queda ni un segundo para coger el libro por banda. Por la noche caigo tan rendida que no llego ni a pasar una página la mayoría de las veces. Anoche, por cabezonería, me quedé despierta hasta casi las dos de la madrugada leyendo mil veces cada párrafo porque me dormía a mitad y volvía a empezar. Sigo sin terminar el libro.

Escribir... ¿qué era eso de escribir? Esta misma entrada la he comenzado a las siete y media de la mañana, con un esfuerzo sobrehumano para levantarme antes de que ella se despertara porque me tiene agotada. No he tenido suerte, son las nueve menos veinte y aquí estoy todavía porque he tenido que hacer un largo parón. Se ve que me ha olido o que el teclado del mac no es lo suficientemente silencioso porque se ha despertado llorando desconsolada a los cinco minutos de sentarme a escribir. Debe de haber tenido pesadillas y necesitaba mimos, ya digo que es un solete de niña, pero le da por llorar muchas veces por pura morriña. ¡Ay, si a mí me hubieran soltado con diez años en otro país sin mi familia!

Además, de tanta playa y piscina (yo, que soy de secano total, que me gusta mirar el mar pero no entrar), pese al protector solar extremo que me pongo, estoy achicharrada por el sol. Con el color tan bonito que tenía yo parecido a una hoja de papel reciclado...

Pues nada, que así estoy, entre piscina y playa, buscando niños de amigos con los que pueda jugar, tratando de entenderme con ella (gracias a san Google traslate y al lenguaje universal de los mimos) y sin poder escribir ni una línea con sentido. De verdad, no sé cómo lo hacéis los que tenéis hijos, creo que sois una especie humana diferente, no se explica de otra forma.

Seguiré informando porque, en estos momentos, ya no soy alguien que intenta ser escritora, soy niñera a tiempo completo

Aun así, si tengo que ser sincera, estoy encantada con la niña.


6 comentarios:

  1. ¡Jajajajaja! Ser mamá es casi incompatible con la literatura, o eso parece al principio. Tú tranquila, disfruta de Nina porque los días pasan volando y pronto te vas a encontrar echándola de menos. Tus libros estarán siempre ahí, esperándote, pero Nina, no. Pásalo en grande con ella y roba momentitos para leer, quizás por la noche, cuando ella caiga rendida (¡lo hará! tarde o temprano lo hará, aunque te parezca mentira). Que experiencia tan estupenda, se te nota que estás muy feliz. Bss

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La verdad es que la nena es genial, la que está "estropeada" soy yo, jajajajaja. Espero que sí que caiga rendida pronto.
      Un abrazo

      Eliminar
  2. Carpe diem, aprovecha el momento. Incluso esta experiencia te servirá para el futuro, así que vívela intensamente y olvídate de "Pureza" y hasta de "El Quijote". Eres afortunada.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes razón, soy muy afortunada, pero lo veo más claro después de desahogarme ;-)
      Gracias por pasarte por aquí!!

      Eliminar
  3. A cada día le basta su afán. Lo dijo Santa Teresa, primera mujer doctora de la Iglesia, así que tómalo con calma ;-)

    Besotes y ánimo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Me encanta esa frase! Cuánta razón tenía esta mujer sabia.
      Gracias por los besos y los ánimos y por pasarte a leer con lo liada que andas con tus remodelacions de webs y cursos.
      Un abrazote

      Eliminar

¿Charlamos sobre esto? Cuéntame tu opinión ;-)