Páginas

jueves, 29 de septiembre de 2016

De cómo un taller de guion cinematográfico te ayuda a continuar con un relato

Durante el mes de septiembre he podido asistir online a un taller de guion de cine y televisión histórico y de época que ha organizado la UNED de Tudela. Con las clases en sí, a cargo de Julio Mazarico (su Twitter aquí), he aprendido mucho sobre un tema totalmente desconocido para mí, que no sabía ni la forma que tenía un guion antes de empezar, pero lo que ha sido genial y ha hecho un "click" en mi cabecilla dispersa han sido las clases maestras, las conferencias de guionistas de éxito españoles que mal que bien llevan trabajando en esto muchos años. He tenido la suerte de escuchar a Nacho Faerna y a Carlos de Pando. De Nacho conoceréis la película que hizo para Televisión Española "Prim, el asesinato de la calle del Turco", por ejemplo (es increíble lo que se puede aprender de cine escuchándole); de Carlos conocéis su trabajo como guionista para mi adoradísima serie "El Ministerio del Tiempo".

¡¡¡¡Vamos a tener tercera temporada!!!!


Pues bien, dejando el "click" para después, he de decir que se ha abierto un mundo de posibilidades ante mí con esto de los guiones. Me explico: ¿no os ha pasado nunca que tienes una historia que contar, que la ves ante tus ojos, que estás viendo a tus protagonistas hacer esto o lo otro, pero no eres capaz de darle forma literaria? Pues quizá lo que tenéis en ese momento en vuestra cabecita no es un relato sino un guion. Y, puestos a ser sinceros, como cuesta un mundo que te publiquen nada en este país, que es lo mismo que cuesta que te compren un guion, ¿para qué encabezonarnos en darle un formato a nuestra historia que no va con ella? Si lo que tienes en la cabeza es un guion para un corto o para una película larga, o para una serie, ¡pues escríbelo! Lo importante es contarle a quien quiera escucharte/leerte eso que tú crees que es tan maravilloso.

Seguro que os parece una obviedad todo esto, pero a mí no se me había ocurrido hasta ahora.

Y ahora viene el "click" y la justificación del título de este rollo. Carlos de Pando, refiriéndose a los episodios de "El Ministerio del Tiempo", contaba un poco la forma de trabajar del equipo de guionistas. Resumiéndolo un poco y dicho muy simplificado: tienen una idea sobre un momento histórico y qué podría pasar si algo de ese momento cambiara, lanzan ideas sobre ello, se quedan con una y la siguen, hacen la escaleta y después se ponen a dialogarla, etc. Pero en un momento de ese proceso se dan cuenta de aquello que subyace a la trama; el tema real y central de la historia que están contando les golpea en la cara y, en ese momento, ya están listos para trabajar en la forma de potenciar ese tema.

El tema que subyace... El tema que subyace... Eso es lo que me golpeó a mí en mi cara atónita. ¡Me había olvidado del tema central de ese relato que me está volviendo loca! ¡Por eso me había atascado en un principio y me habían entrado todas las inseguridades después! Inseguridades que habían hecho que el atasco inicial se hubiera convertido en una caída por un precipicio... que soy yo así de dramática.

El relato comenzó con un rapto de las musas, he de confesarlo. Después de unas lecturas sugerentes y de ver una película aún más sugerente que no voy a confesar porque me da un poco de vergüencilla... Y que conste que lo de sugerente se refiere a la forma de narrar la historia, no a que en ella haya nada ""sugerente"", que tampoco habría nada de malo pero es que no es el caso. A lo que iba, las musas me raptaron y me llevaron a ese paraíso tan esquivo donde te van susurrando al oído un millón de cosas hermosas y con sentido y todo. Me puse a escribir frenética y, en un pis pas, tenía tres personajes de los que sigo enamorada y una incipiente historia narrada de una forma... digamos que poco convencional. En ese punto, con los personajes presentados y el narrador ya decidido y con un tercio del relato escrito, me di cuenta del tema del relato, vi claro qué estaba contando y por qué lo estaba contando, es decir, el tema me golpeó en la cara. He de ser sincera, estaba sacando mil demonios fuera. Descubierto eso, me bloqueé y empecé a dudar de la forma de narrar, de cada frase; mis personajes se movían como a trompicones así que lo dejé apartado un largo tiempo.

Al tener que retomarlo para terminarlo porque debería haberlo entregado ya, no era capaz de entrar en la historia. No era capaz de volver a tener sintonía con mi narrador y todo me parecía forzado y horrible y dios mío qué iban a pensar los que lo leyeran con lo malo que era, etc., etc., etc. Me puse a pelear con él, corregí mil veces lo que ya tenía escrito, cambié el orden de algunas escenas, taché decenas de frases y seguía sin saber cómo continuar. Entonces llegó Carlos de Pando y habló del tema y de potenciar el tema y vi la luz. Cogí un cuaderno que tengo a modo de diario para momentos de crisis existencial y me puse a charlar conmigo misma sobre el relato y recordé el tema subyacente de mi relato. Arranqué una hoja de otro cuaderno desmadejado (qué malos son algunos cuadernos de Ikea, que se sueltan las páginas) y escribí bien claro mi tema utilizando solo seis palabras. Tengo el papel frente al escritorio justo debajo de un folio con los consejos para escribir de Virginia Wolf.

Un trozo de mi escritorio, foto de gatito incluida.


Ahora que recuerdo lo que quería contar, solo me queda la nadería de terminar de contarlo y que quede bonito y esas cosas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Charlamos sobre esto? Cuéntame tu opinión ;-)