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miércoles, 24 de enero de 2018

Dudas, dudas y más dudas

Me lo pregunto cada mañana

Hace más de un año que no publico nada nuevo en este blog y todo tiene una causa, un porqué, una excusa. La mía son las dudas. Dudas, dudas y más dudas.


¿Por qué en plena escritura de una novela con tintes detectivescos o policíacos me entran ganas de leer de todo menos policíaco? ¿Por qué ya no me parece tan divertido crear tramas y subtramas rebuscadas para engañar al lector? ¿Por qué me apetece más hablar de la vida, de sus pequeños dramas diarios, de las mochilas que arrastramos, de lo que dicen nuestros silencios?



Pues no saber la respuesta me paralizó durante un año. Un año entero sin letras, sin ni tan sólo escribir un diario de forma regular. Para ser sincera, también se cruzaron otros proyectos por el medio, proyectos llenos de letras y de historias pero de otro tipo. En la vida real, desde hace un año, me dedico a algo así como la creación de contenidos para proyectos de interpretación del patrimonio natural y cultural. Así que sí que he escrito, pero no mis historias sino esas otras. Y, oye, muy feliz de haberlo hecho, y espero seguir haciéndolo.


Pero no he vuelvo hoy aquí para hablar de esas cosas sino para contarte que regresé a mis historias y terminé esa novela casi policíaca gracias a Ana Bolox, que decidió rescatarme de mis ausencias y obligarme a terminarla. La cuestión es que hacía unos años (¿dos o tres?) que había elaborado una exhaustiva escaleta en su curso de novela policíaca y ya era una cuestión de honor, o de principios, o prurito profesional, o que ella es así de buena gente, el conseguir que terminara de escribirla. Así que me tomó de la mano y me obligó a inscribirme en el NaNoWrimo, y me metió en su grupo de Facebook montado para ello... y consiguió su objetivo.


Y mira que yo estaba agobiada de trabajo con dos proyectos que se me comían las horas, y un trabajo de la universidad esperando, y la vida en general dando por saco, pero ella consiguió que madrugara durante todo el mes para escribir de 7 a 8 de la mañana. Yo, madrugando. Vivir para ver.


Cierto es que terminó noviembre y no he conseguido volver a madrugar todos los días, ni he escrito a diario, pero sí terminé esa primera novela y he retomado la segunda parte de Viaja con Pi y estoy planificando la segunda novela, y he vuelto a mis redes sociales e incluso, hace unas horas, creé mi cuenta de Instagram.


Trato de volver a la rutina de noviembre. Más que nada porque me hacía sentir muy feliz. Satisfecha. Orgullosa. Por malo, malísimo, que sea el borrador que escribí. Por aburrida que me haya quedado la novela. Por plana y falta de subtramas que esté. Por más horas de trabajo que necesite para ser leíble... Es el primer borrador de novela que termino en mi vida y, sólo por eso, es increíble.



¿Pero qué pasa con las dudas?



Pues las dudas me obligan a buscar quizá nuevas formas de narrar, otras historias que contar. Y me paraliza no saber para quién quiero escribir, ni qué historia es exactamente la que llevo dentro ahora mismo. Y no sé qué voz quiero utilizar para narrar, ni qué tiempo verbal. Sólo sé que quiero contar la historia de Inés, mi Inés, esa que da vueltas por mi cabeza desde hace semanas, aunque no sepa aún cuál es esa historia.

Mi Inés es algo así en estos momentos

Y aquí vuelven las dudas y esta vez están relacionadas con el marketing online y las redes sociales para escritores y demás cosas imprescindibles si algún día quiero publicar. Si no sé cuál es la historia ¿cómo demonios voy a saber cuál es mi público objetivo? Y si no sé cuál es mi público objetivo, tampoco sé dónde encontrarle, ni qué le interesa, ni puedo saber cómo llegar hasta él. Pero tengo que moverme y resucitar este blog y volver a las redes sociales y...

No sabéis lo que me ha costado decidirme a poner mi nombre tanto aquí como en redes sociales. Ha sido como desnudarse para una prueba médica jodida. ¡Qué sentimiento de indefensión más horrible! ¿Cómo puede doler tanto salir de detrás del biombo? Pero ya no podía seguir siendo una sombra china por más que me cause ansiedad y me tiemblen las manos. Os parecerá una tontería pero este acto de valentía ha ido acompañado de otro casi peor... os vais a reír pero allá va... me he cortado el pelo cosa de cincuenta centímetros. Mi pelo era mi marca y mi escudo protector, lo que más me gustaba de mí y ahora ya no está, apenas me llega por la barbilla. No creo que sea casualidad que todo esto haya ocurrido al mismo tiempo. Supongo que eran cambios necesarios, como mudar la piel cual serpiente o salir de la crisálida.


Y quizás si me paro y respiro profundo y miro al horizonte desde mi terraza en un cuarto piso y me entretengo espiando a los gatos que viven en el cauce casi siempre seco del río que pasa por delante de mi casa, me dé por pensar que este blog es mi hogar, que puedo ir buscándome y encontrándome poco a poco en él, que mi voz y mis historias irán surgiendo si me permito ser yo misma aunque sea a ratitos, si la autocensura se distrae y me escapo de vez en cuando.


Tal vez no necesite más que eso de momento. Y volver a madrugar para escribir.


2 comentarios:

  1. Tal vez no necesites más que eso: volver a madrugar para escribir y contárnoslo en el blog. A veces, las cosas salen de manera natural.

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    Respuestas
    1. Y para lo que no sale de manera natural va muy bien tener apoyos como el tuyo.
      Gracias por todo, Ana.

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