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Falcó versus Mejías. O de cómo crear dos protagonistas inolvidables

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Se me ha pasado por la cabeza la locuela idea de hablar de cómo debe ser un protagonista de novela policíaca comparando a dos personajes carismáticos que andan estos días en las mesas de novedades. Imagen de Casa del Libro Imagen de Casa del Libro Hace dos semanas hablé sobre mis lecturas del mes de octubre. En esa entrada ya me explayé a gusto sobre lo mucho que me había gustado la última novela de Pérez-Reverte. En cuanto terminé Falcó , cogí con ansia otra novela a la que le tenía muchas ganas. El jardín de cartón es la segunda novela donde Santiago Álvarez recrea las andanzas de su detective privado Vicente Mejías. Hablaré con más detenimiento de ella en el resumen del mes de noviembre, pero creo que debo dar unas pinceladas para que nos situemos.

Mi Noviembre de Kate

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Ays... Con cuántas ganas esperaba yo El noviembre de Kate,  de Mónica Gutiérrez, este verano. A mediados de julio llegó un paquete de la librería pero se me prohibió abrirlo hasta el día D. Yo lo miraba de reojo cada vez que entraba y salía de casa porque seguía en el mueble de la entrada pensando en lo crueles que son algunas personas, cómo se nota que no adoran los libros como nosotros, ¿verdad? Días después, feliz de la vida y de viaje en Pirineos, mandaba yo esta foto por Twitter. Aquellas montañas son maravillosas, los paseos, la gastronomía, las personas que vas conociendo... Todo muy bonito, pero ahí me tenías a mí deseando regresar a la casa al atardecer para sentarme bajo los robles a leer.

Mi historia con "Hombres buenos" de Pérez-Reverte.

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Hombres buenos No hace mucho que soy lectora de Pérez-Reverte, quizá cuatro o cinco años. Antes tan solo había leído "La piel del tambor" y uno de la serie de El capitán Alatriste: "El caballero del jubón amarillo". Un amigo me prestó "El asedio" y me sorprendió mucho esa forma tan directa de narrar, ese estilo suyo tan personal. Así que cuando tuve noticias de que había publicado "El tango de la vieja guardia", me fui directa a la biblioteca a preguntar si ya lo tenían y me lo traje a casa con una sonrisa de oreja a oreja. Y he de decir que, con esta novela, me enamoré como una tonta. Lo reconozco.